Brasil se proclamó campeona de la Copa Confederaciones 2009. España sólo pudo conseguir un agridulce tercer puesto. La decepción fue Italia y la sorpresa, Estados Unidos que puso en serios problemas al campeón en la final.

Brasil celebró por todo lo alto su tercera Copa Confederaciones
La primera: aunque la organización ha sido bastante buena, aún se deben mejorar algunas cosas. Algo que difícilmente se puede mejorar es la entrega del público sudafricano, a pesar del prohibitivo precio de las entradas.
Brasil, triunfo engañoso
Brasil ganó y cumplió con su obligación. Siempre es difícil para un equipo que llega a estos torneos con poco que ganar y mucho que perder. Sin embargo, la celebración de los cariocas cuando el árbitro dio por terminada la final ante EEUU puso de manifiesto la presión que esta camiseta ejerce sobre algunos jugadores. Brasil empezó dubitativamente el campeonato y lo terminó de la misma manera. Sólo mostró superioridad ante Sudáfrica (porque se adelantó pronto) y contra Italia (a la que arrolló en apenas 10 minutos). En semifinales necesitó un gol postrero a balón parado y en el último partido hubo de sobreponerse a la efectividad norteamericana.
Lo cierto es que esta victoria es un bálsamo para Dunga que poco a poco va dando con la tecla. Brasil ya gana (de lo que tienen mucha culpa Kaká y Luis Fabiano), pero a una pentacampeona se le exige además que practique el jogo bonito.
España con los pies en la tierra
La derrota ante EEUU no fue ni casualidad, ni fatalidad del destino, ni accidente. Estaba claro que tenía que llegar el día en que la “Roja” perdiera un partido. Lo preocupante del asunto es que llegó en un bache de juego del equipo. Salvo en el trámite ante la floja Nueva Zelanda, el juego de la selección no brilló como nos tenía acostumbrados. Faltaba fluidez en el centro del campo y los delanteros parecían demasiado ansiosos por resolver los partidos ante equipos bien armados atrás.
La primera parte contra EEUU fue una demostración de impotencia ante una defensa que se puso el mono de trabajo y no perdió la concentración ni por unos segundos. Es verdad que si España hubiera materializado alguna de las muchas ocasiones de las que dispuso en el segundo tiempo a lo mejor la historia habría sido distinta. Pero aquel día, los defensas norteamericanos no estaban por hacer una sola concesión; de ellos hablaremos en el próximo artículo. España jugó mal contra Sudáfrica y sólo una mayor sangre fría le permitió hacerse con el tercer puesto.